Sodade

Atrás quedaron las islas donde pasaron su infancia.

Desde el puerto de Mindelo hasta el Río de La Plata.

En un barco de inmigrantes con anhelos y esperanzas,

llegaron a la Argentina con sus cantos y sus danzas.

 

Trabajaron con esfuerzo deseando fundar su casa.

Un lugar donde reunirse, donde mitigar nostalgias,

de esa Patria tan querida pero a la vez tan lejana.

Y así nacieron las sedes de Dock Sud y de Ensenada.

Sociedades de Fomento de la Unión Caboverdeana.

 

Se acostumbraron al frío y a la humedad de la pampa,

pero sin duda añorando, la calidez de sus playas.

Fueron templando sus vidas con mornas y coladeras,

con asado y katchupa, con vino y con grogue de caña.

 

De estos hombres y mujeres, muchos de ellos, peinan canas.

Pero al hablar de su tierra tanta emoción los embarga,

que pronto rejuvenecen, en el fervor de la charla.

Y con tanta morabeza han acortado distancias.

Cabo Verde está en sus ojos, en sus cuerpos cuando bailan

está en cada uno de ellos y en la sodade de sus almas.

 

Elena Kohen   ( Email )

V O L V E R