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Sodade
Atrás quedaron las islas donde pasaron su infancia. Desde
el puerto de Mindelo hasta el Río de La Plata. En un barco de inmigrantes con anhelos y esperanzas, llegaron a la Argentina con sus cantos y sus danzas.
Trabajaron con esfuerzo deseando fundar su casa. Un lugar donde reunirse, donde mitigar nostalgias, de esa Patria tan querida pero a la vez tan lejana. Y así nacieron las sedes de Dock Sud y de Ensenada. Sociedades de Fomento de la Unión Caboverdeana.
Se acostumbraron al frío y a la humedad de la pampa, pero sin duda añorando, la calidez de sus playas. Fueron templando sus vidas con mornas y coladeras, con asado y katchupa, con vino y con grogue de caña.
De estos hombres y mujeres, muchos de ellos, peinan canas. Pero al hablar de su tierra tanta emoción los embarga, que pronto rejuvenecen, en el fervor de la charla. Y con tanta morabeza han acortado distancias. Cabo Verde está en sus ojos, en sus cuerpos cuando bailan está en cada uno de ellos y en la sodade de sus almas.
Elena Kohen ( Email ) |